"Sabías que todo el que quiere ser escritor necesita de poder aislarse y tomar notas a cualquier hora del día o de la noche; que su trabajo con el lenguaje prosigue mucho después de que haya dejado la pluma, y puede tomar posesión de él por completo de improviso, justo a mitad de una comida o en medio de una conversación. Si tan sólo pudiera saber lo que pasa en tu cabeza, decías a veces ante mis largos silencios pensativos. Pero lo sabías por haberlo vivido tú misma: un flujo de palabras que buscan su ordenamiento más cristalino; fragmentos de frases permanentemente retocadas; albores de ideas que amenazan con desvanecerse si una fórmula o un símbolo no consigue fijarlas en la memoria. Amar a un escritor implica amar lo que escribe, decías. Por tanto, ¡escribe!
(...)
La primera meta del escritor no es lo que escribe. Su necesidad principal es escribir. Escribir, o sea, ausentarse del mundo y de sí mismo para, eventualmente, convertirlos en materia de elaboración literaria. Sólo secundariamente se plantea la cuestión de tema tratado. El tema es la condición necesaria, necesariamente contingente de la producción de escritos. Cualquier tema es bueno si permite escribir. Durante seis años, hasta 1946, escribí un diario. Escribía para conjurar la angustia. Cualquier cosa. Era un escribiente. El escribiente se convierte en escritor cuando su necesidad de escribir se apoya en un tema que permite y exige que esta necesidad se organice como proyecto".
André Gorz (Gérald Horst, Viena 1923-Vosnon 2007). Carta a D. Historia de amor. Traducción de Jordí Terré. Ediciones Paidós.
jueves, 29 de septiembre de 2011
lunes, 19 de septiembre de 2011
DONDE SOFIA VERGARA SE DESNUDA
Por segundo año consecutivo, la actriz colombiana Sofía Vergara recibió una nominación para los premios Emmy, y de nuevo perdió. Como es habitual, impactó en la ceremonia con un vestido que resaltaba su figura. Para una o dos generaciones de colombianos, su nombre está ligado a la propaganda de una bebida de cola, y su desfile por la alfombra roja no supera sus primeros pasos en nuestra pantalla chica, cuando apenas contaba con diecisiete años, dando salticos para evitar que las plantas de sus pies se quemaran. Los caprichosos mecanismos de la fama la convirtieron en una celebridad a partir de esta pieza publicitaria, que, a pesar del tiempo transcurrido, conserva todo su encanto:
sábado, 20 de agosto de 2011
H.P. LOVECRAFT NACIÓ UN 20 DE AGOSTO
ABC de LOVECRAFT
Introducción:
Escritor tan extraño como su misma obra, Howard Phillips Lovecraft (20/08/1890-15/03/1937) es el mayor artífice del horror preternatural con influencia innegable sobre la literatura fantástica posterior y la ficción científica. Creador, a pesar de su temprano ateísmo, de un culto imaginario tan verosímil que origina devoción, sus relatos -apoteosis de lo subterráneo-, son el eco de una pesadilla que vive más allá de la conciencia humana.
Juventud e infancia:
Lovecraft no pudo abandonar el ámbito de la familia materna, rodeado de gentes puritanas con un estilo de vida procedente del pasado. Su madre lo convirtió en una figura infantil andrógina necesitada de protección. También lo convenció de su extrema fealdad por lo que siempre prefirió la noche al día y huía del contacto con los demás. No terminó la educación básica por su enfermiza naturaleza, lo que impidió que concretara su afición a la química y a la astronomía con una formación universitaria.
Kadath:
Ciudad refugio de muchos de los dioses primordiales desterrados. Coronada por el ominoso Castillo de Ónice Negro, preside el Desierto de Hielo en la zona donde el mundo real es penetrado por los sueños.

Lord Dunsany:
Edward John Moreton Drax Plunket (1878-1957), "Inigualable en el embrujo de la prosa cristalina y musical, único en la creación de un mundo espléndido y lánguido, y dotado de una visión exótica e iridiscente (…) se ha consagrado a un extraño mundo de fantástica belleza, empeñado en una guerra eterna contra la terquedad y fealdad de las realidades diurnas." HPL
Machen, Arthur:
Vivió de 1863 a 1947: "Entre los creadores actuales del miedo cósmico que han alcanzado el más alto nivel artístico son pocos los que pueden compararse con el polifacético Arthur Machen, autor de una docena de relatos, largos y breves, en los que los elementos de horror oculto y espanto soterrado llegan a adquirir una sustancia y una agudeza realista casi incomparable." HPL
Necronomicón:
Libro canónigo de los mitos del Cthulhu, escrito por el árabe loco Abdul Alhzared, fue traducido del griego por Olaus Wormius. También existe una versión castellana antigua (León, 1300?), hallada por F. Torres Oliver en el archivo histórico de Simancas. En sus páginas está la historia de los terribles dioses primordiales y las claves secretas que permitirán su liberación de los sellos arquetípicos. Recientemente fue sustraído de la biblioteca de la Universidad de Miskatonic.
Oficio:
Lovecraft vivió, más mal que bien, de la escritura. Obtuvo moderados beneficios de sus cuentos y de la corrección de textos para otros, actividades en las que invertía muchísimo tiempo: “"Escribo lentamente, corrigiendo tanto que mis borradores no son legibles para nadie distinto a mí, y nunca vacilo al cambiar la parte más antigua de mi trabajo cuando desarrollos posteriores requieren de antecedentes distintos (…) Nada me deja más exhausto ni me exaspera más que una sesión de trabajo en la máquina de escribir". Reacio a cobrar pues su ideal caballeresco remitía al uso de las rentas heredadas y no al trabajo remunerado, su situación económica fue cada vez más precaria.
Poe, Edgar Allan:
"...los cultivadores del relato preternatural habían trabajado generalmente a oscuras, sin comprender la base psicológica del atractivo del horror, y obstaculizados por una mayor o menor adecuación a convencionalismos literarios vacíos tales como el final feliz, la virtud recompensada... Poe percibía la impersonalidad esencial del artista verdadero, y sabía que la función de la ficción creadora, consiste meramente en expresar e interpretar los sucesos y los sentimientos tal como son, sin tener en cuenta hacia dónde tienden o qué demuestran (…) inclinado por temperamento a lo extraño y lo melancólico, decidió hacerse intérprete de esos poderosos sentimientos y sucesos a los que suele acompañar más el dolor que el placer, la decadencia más que el esplendor, el terror más que la serenidad.. Los espectros de Poe adquieren de este modo una malignidad convincente que no posee ninguno de sus predecesores e instauran un nuevo modelo de realismo en los anales de la literatura de horror." HPL
Después de una cómoda infancia en la casa ancestral, el desmedro económico siguió a la muerte del abuelo materno, y madre e hijo se mudaron a esta casa donde Lovecraft pasó la mayor parte de la vida, escribió casi toda su obra, e inició la voluminosa correspondencia fruto de su dedicación al periodismo aficionado. También fue el techo que lo acogió después del fracaso matrimonial.
Rhode Island:
El más pequeño de los estados de la unión americana y uno de los primitivos trece. Lovecraft siempre vivió o añoró a su capital: "Soy Providence y Providence soy yo (…) su tierra y su aire están en mi sangre y en mis células". Rico en vestigios del pasado colonial.
Siglo XVIII:
Lovecraft escribió imitando a sus literatos y adoptó la ortografía de entonces, así como algunas particularidades de la vestimenta. Rechazó siempre la independencia norteamericana y despedía sus cartas con formulas de cortesía en las que se declaraba súbdito inglés.
Textos sagrados:
Además del Necronomicón, otros libros hablan de los dioses primordiales: el Libro de Eibon, el Texto de R'lyeh, los Fragmentos de Celaeno,Cultes des Goules del conde d'Erlette, De Vermis Mysteris de Ludvig Prinn, las Arcillas de Eltdown, People of the Monolith de Justin Geoffrey, los Manuscritos
Pnakóticos, Unaussprechlichen Kulten de Von Junszt.
United Amateur Press Asocciation:
Desde muy joven, Lovecraft editó periódicos caseros sobre astronomía. Así nació su interés por el periodismo aficionado en el que además halló a los amigos de la madurez. Ocupó varios cargos en la organización, incluso el de presidente, y muchos de sus relatos aparecieron en publicaciones de este tipo antes de ir a Weird Tales, la revista profesional que más lo publicó en vida.
Viajes:
Después de la muerte de su madre en 1921, Lovecraft se aficionó a viajar y abandonaba el nido, ahora al cuidado de sus tías, para visitas periódicas a los amigos. En el lapso de su corto matrimonio vivió en New York y formó el denominado Kalem Club, una agrupación de aficionados a la literatura fantástica a los que veía con frecuencia. También viajó al Medio Oeste y a La Florida, pero nunca cumplió el sueño de visitar el Viejo Mundo, en especial Inglaterra, por falta de recursos económicos.
Wendigo:
Maligno habitante de los bosques primitivos creado por Algernoon Blackwood (1869-1951): "…algo aterrador que había logrado sobrevivir a la evolución de la humanidad, pero que aún se mostraba como una forma de vida monstruosa e inmadura... las potencias formidables y salvajes que acechan en las almas de los hombres. Potencias que tal vez no sean perversas en sí mismas, aunque sí instintivamente hostiles a la humanidad tal como ahora la concebimos". En él se origina el dios Itaqua, el que camina en el viento, desterrado a los helados desiertos antárticos.
Xenofobia:
Lovecraft manifestó aversión a judíos, italianos, hispanos, asiáticos y, sobre todo, negros. Esta discriminación obedecía a su creencia en la superioridad de la raza aria que para él representaban Alemania e Inglaterra, lo que lo acercó a las doctrinas nazis que luego rechazó. También detestaba el frío y todo lo concerniente al mar. Por contraste, era sumamente amable y cariñoso con todo el mundo y muchos de sus mejores amigos pertenecían a las razas degeneradas.
Yuggoth:
Planeta limítrofe del sistema solar de donde proceden muchas de las entidades de la mitología lovecraftiana. Algunos lo identifican con Plutón.
Zann, Erich:
La mayor parte de los cuentos de Lovecraft se apartan de los mitos del Cthulhu aunque pueden estar relacionados. Entre ellos están dos de sus producciones literarias más perfectas: El extraño, quizá una transposición de su inseguridad frente al mundo que vivió, y La música de Erich Zann, excelente narración que se desarrolla en un muy real París que HPL nunca conoció.
Arkham:
Lovecraft convirtió las ciudades amadas de Nueva Inglaterra en Dunwich, Insmouth y Arkham. El detalle con el que las caracteriza lo convierten en el mayor escritor costumbrista de la región. Arkham House fue el nombre que Derleth y Donald Wandrei dieron a la editorial que fundaron para publicar la obra de su maestro y amigo.
Biblioteca personal:
Lector precoz, devoró las mitologías griegas y romanas, y Las mil y una noches, encantado por su exotismo. De su ensayo El horror en la literatura, del que también proceden las opiniones con respecto a sus autores favoritos -Poe, Machen, Blackwood y Lord Dunsany-, he aquí sus otras preferencias: El monje, de C.R. Lewis, Melmoth el errabundo, de C.R. Maturin, Los misterios de Udolfo, de Ann Radcliff, Vathek, de William Beckford, El horla, de Guy de Mauppasant, Cumbres borrascosas, de Emily Bronté, Dr. Jekyll y Mr. Hyde, de R.L. Stevenson, La casa de las siete buhardillas, de N. Hawthorne, El golem, de Gustav Meyrink, Otra vuelta de tuerca, de Henry James, El signo amarillo, de R. Chambers, Drácula, de Bram Stoker, La nube púrpura, de M.P. Shiel, La casa en el confín del mundo, de W.H. Hodgson.
Cthulhu:
Divinidad que da nombre a los mitos creados por Lovecraft y sus seguidores, aprovechando también textos anteriores. Dice HPL: "Todos mis relatos (...) se basan en la idea central de que antaño nuestro mundo fue poblado por otras razas que (...) perdieron sus conquistas y fueron expulsadas, pero viven aún en el exterior, dispuestas en todo momento a apoderarse de la tierra". Cthulhu está retenido en el fondo del mar en la ciudad dormida de R'lyeh a la espera de que alguno de sus esbirros logre liberarlo.
Sistematizador de los relatos de los mitos del Cthulhu, intentó darles una estructura clara de bien contra mal que no existía en Lovecraft, magistral en la indefinición. Autor de una extensa obra que adolece de tan maniquea posición, su esfuerzo difundió los libros del maestro y estimuló a muchos de sus seguidores, aún activos.
Entrevista:
Fiebre:
A la precaria salud de Lovecraft se le han encontrado varias explicaciones como la fiebre reumática, el hipotiroidismo y la hipoglicemia. Sin embargo, es imposible descartar que todo fuera psicológico. Reales fueron su poiquilotermia -temperatura corporal demasiado baja-, y el carcinoma de colón que lo llevó a la tumba. Sufrió de jaqueca como todos los miembros de su familia.

Greene, Sonia:
Muerta ya su madre, Lovecraft la desposó en 1924. Diez años mayor que él, bella e inteligente según todos los testimonios, vivieron en New York de sus ingresos, bastante buenos para una mujer en aquellos tiempos. Emprendedora, práctica, capaz, entró en silencioso conflicto con su marido, quien terminó volviendo a su único amor: Providence.
Horror:
"La emoción más antigua y más intensa de la humanidad es el miedo, y el más antiguo y más intenso de los miedos es el miedo a lo desconocido".
domingo, 7 de agosto de 2011
WOODY ALLEN LADRA ECHADO
La más reciente película de Woody Allen es un divertimento. Algunos podrán calificarlo de delicioso, yo no creo que llegue a tanto. El director y guionista neoyorkino ha convertido en estilo una serie de características -créditos sencillos, melodías de jazz, diálogos muy bien escritos, situaciones de infidelidad, temas trascendentales ejemplificados sumariamente desde la óptica judía, personajes más o menos tópicos dentro de su cine-, y los espectadores respondemos a estas entregas de lo mismo con la gratitud que da la comodidad. Como ya lo ha hecho en otras oportunidades, ha aceptado convertir su filme en una especie de publicidad de una ciudad, y también ha escogido un comediante para encarnar al personaje que todos sabemos él representaría con gusto, si tuviera unos años menos. Alguien experimentado y sin duda talentoso, para quien trabajan con gusto, y a bajos costos, los mejores actores, los mejores productores ejecutivos, los mejores fotógrafos, en general los mejores en cada uno de sus oficios, difícilmente hará una película desastrosa -aunque algunos lo hacen contando con lo mejor de lo mejor-. Treinta o cuarenta tomas de sitios representativos de París en los primeros cuatro minutos, dejan muy en claro, y se le apunta la honradez, que estamos frente a una colección de postales que abarcan, además, la vida cultural de la Ciudad Luz o, para ser más justos, la vida cultural de la Ciudad Luz más cercana a los norteamericanos: Hemingway, Scott Fitzgerald y su esposa Zelda, Picasso, Buñuel, Degas, Gauguin. Un procedimiento discretamente ingenioso -no se trata de Zelig (1983) ni de La rosa púrpura de El Cairo (1985)- permite un juego con el tiempo que hace que las postales sean aún más variadas y, por supuesto, más aptas para un público ilustrado, que agradece que a Gertrude Stein la represente una premio Oscar (Otro a un Salvador Dalí obsesionado con los rinocerontes). Un mensaje: vivamos el presente sin mitificar el pasado -no se trata de Annie Hall (1977) ni de Manhattan (1979)-. Y claro, en el último rollo la promesa de una mujer para el protagonista.
Medianoche en París tiene, como no, buenos momentos y, el espectador sonríe, y a veces se ríe, pero, como todas las postales -el cielo de su cartel proviene de una popularísima pintura de Van Gogh-, terminará olvidada en un cajón o decolorándose adherida a un corcho, perforada por una chincheta.
domingo, 24 de julio de 2011
LA MUJER BARBUDA
En la página 110 de la más reciente publicación de Ramón Illán Bacca, una de sus protagonistas, Aspasia Estratiotes, conocida como "La Chipriota" aunque nació en Panamá, confiesa: "Yo le inventaba historias sacadas de los folletines que leía, y mis historias eran cada vez más truculentas". Un poco así obra el escritor de Santa Marta, radicado hace mucho tiempo en Barranquilla, y lo hace anunciando desde el título que estamos frente a una novela libre de solemnidades, en la que las historias nacional y regional van a ser víctimas del humor y la irreverencia, de la destreza fabuladora de un autor que desde su primera novela, la siempre recordada Debora Kruel (1990), demostró que las culturas con mayúscula y con minúscula, universal y popular, pueden hermanarse a través de la ironía.
En la Colombia de comienzos del siglo XX, golpeada por la pérdida del itsmo y dividida entre los favorecidos por la presidencia del general Reyes y quienes conspiran contra lo que consideran una dictadura, las protagonistas son las mellizas del Valle, una de ellas afectada por el hirsutismo y la lascivia, y una sociedad provinciana de obispos pornófilos, terratenientes y políticos corruptos, un narcotraficante descendiente de Joseph Conrad y el hijo de Candelario Obeso, también poeta, y una colección de extranjeros capturados por el trópico, entre los que se destaca Spencer Cow, un inglés opiómano y cazador de orquídeas, capaz de comentarios como este:
¿Por qué -me preguntaba al oírlo-, no puede nombrar algo a alguien sin colocarle un adjetivo? Las mujeres de su país y de su medio no eran simplemente mujeres sino que estaban llenas de "cristianas virtudes", de "garbo y señorío", de "belleza radiante y exquisita distinción", y ante ellas él no decía poesías sino "pulsaba la lira".
La inconfundible ligereza del autor, una de las características privilegiadas de su estilo, permite que un tema erótico, con ribetes de ambigüedad –el atractivo sexual de una mujer peluda-, sea tratado sin estridencias ni prejuicios, y también facilita que los personajes comenten con familiaridad las realidades sociales y políticas de la época, muchas de ellas extrapolables a nuestros tiempos: el cónsul británico le pregunta a un blasonado aristócrata samario:
-Y si esa gente menuda se subleva.
Me contestó:
-Muy sencillo: al que mas grite lo uniformamos de verde y ese se hace matar por nosotros.
Como siempre, la aparición de un nuevo libro de Ramón Illán Bacca es una alegría para los lectores más exigentes, y lo puede ser también para quienes de vez en cuando desean la compañía de un buen libro.
jueves, 7 de julio de 2011
TRANSFORMERS Y LOS SÍMBOLOS SEXUALES
![]() |
| Kathleen Turner en Body Heat (Lawrence Kasdan, 1981) |
Hasta hace unos años las actrices accedían a ese estatus comprometiéndose con guiones en los que la actividad sexual era parte de la vida de sus personajes, y si bien buena parte de esas películas son discutibles -Nueve semanas y media de Adrian Lyne (1986), por ejemplo-, al menos se consideraba la faceta erótica de los seres humanos como un tema digno de algún tipo de tratamiento cinematográfico. Hoy, por fuera de los circuitos alternativos, esta posibilidad es escasa, lo que contrasta con la permanente intromisión de los medios en la vida privada de las estrellas de cine, con la capacidad de algunas de ellas para alimentar las páginas de chismes con sus confesiones y con cierta aceptación del mundo de la pornografía en las discusiones cotidianas, en un juego de escándalo e hipocresía que muestra muy a las claras el temor que le tenemos a las pieles desnudas que se encuentran por motivos distintos a la procreación.
Todo parece indicar que el espíritu del código Hays, instructivo adoptado por Hollywood en 1934 para preservar la moral, es todavía atendido, en especial si se quieren vender las entradas suficientes para justificar la inversión, ya que una clasificación R implica la pérdida de la mayor parte del público. Sus "recomendaciones" prohibían las tramas en las que se irrespetara la sagrada institución de la familia y la exposición de conductas como el adulterio y otras relaciones ilícitas. Así mismo se restringía la presentación directa o indirecta de las organos sexuales masculinos y femeninos (Tampoco se debía pronunciar la palabra "caliente" al referirse a una mujer, ni mostrar su ombligo).
El tema que apenas esbozo tiene tanto de largo como de ancho. El director de cine brasileño Glauber Rocha (1938-1981) lo trató en un texto titulado EL DULCE DEPORTE DEL SEXO (Cómo se ama delante de millones de personas). He aquí algunos apartes para animar la discusión:
"El secreto de una producción de éxito comercial es la combinación de sexo y violencia: (...) Acto de matar/acto sexual se funden en un ritmo trepidante para la catarsis universal (...) El símbolo es un recurso contra la censura de los intolerantes: así el sexo del cine norteamericano es como un adorno de la vitrina y no se concentra en las partes exactas. Pestañas, cabellos, ojos y boca. Transfiguración de luces, tanto libertinaje es permitido en la zona de lo irreal, de la ilusión, de lo magico. Labios gigantescos que muerden en la pantalla..."
sábado, 18 de junio de 2011
LA PUERTA DEL INFIERNO
El 6 de julio de 1988, un año y medio antes de la caída del muro de Berlín, en un largo paseo por París, dos intelectuales colombianos de estirpe freudiano-marxista recapitulan parte de sus vidas al calor de las cervezas, siempre a la vista un afiche turístico que los invita a pasar el verano en Grecia. Con mayo del 68 como referente, recuerdan la izquierda colombiana y a los viejos compañeros de la Universidad Nacional, tan dispuestos a la discusión y la rumba, tan tentados por la posibilidad de unirse a la guerrilla, y recrean las mujeres que los acompañaron -sobre todo a uno de ellos, Rolando Dupuy-, en sus idas y vueltas por una agitada juventud que se les fue sin lograr mucho: "Pero no es culpa de Freud, estimado señor, si lo utilizamos para estar de espaldas a la realidad", afirma Héctor Ugliano y remata: "Alguna vez habremos de reconocer que había algo muy inmaduro y burgués, incluso muy insano en nuestra manera de leer e intepretar la realidad a la luz de las lecturas...".
Especie de "autocrítica" a través de un desdoblamiento que el lector entenderá en las páginas finales del libro ("conforme su ser florecía en el diálogo, le transmitía a él esa extraña sensación de que nada importaba realmente, puesto que todo alrededor de ellos había dejado de existir, y el pasado en igual medida que el futuro había sido puesto entre paréntesis"), La puerta del infierno es también un homenaje a la amistad, entendida como una montaña rusa de encuentros y desencuentros que se manifiestan en la conversación: "Pues hablar a toda costa, hablar de lo que fuera y hasta por los codos, ¿qué otro viaje podían emprender después de tanto tiempo sin verse?".
Además del diálogo, erudito pero burlón, Ricardo Cano Gaviria (Medellín, 1946) usa la analepsis una y otra vez para construir una novela en la que el humor y el erotismo generan un marco que permite a Ulises, Eneas, Dante, la lírica francesa de Baudelaire a Edith Piaf, Proust, Hemingway, Flaubert, Cohn-Bendit y Sartre, por supuesto, moverse de Medellín a Bogotá, de París a Madrid, en una fiesta del pensamiento y la palabra, para nada exenta de ironía. En muchos sentidos "Mesías de la desilusión", como lo cataloga Ugliano, cuando a Dupuy le recuerdan la idea de Heidegger de que la palabra es la casa del Ser, impulsa a Solange, su más reciente compañera sentimental, a admitir que la verdadera casa del Ser es la mierda. Tampoco es muy favorable su imagen de Colombia: "A Aquiles le quitaron la doncella que merecía por motivos de guerra; los colombianos actuamos como si alguien nos hubiera quitado no una doncella, si no la mujer, la amante y hasta la abuela".
Editada simultáneamente en España, México y Colombia, La puerta del infierno es también una curiosa metáfora entomológica que arranca en un texto de Gorki y se pasea con sus antenas y sus seis patas hasta el famosísimo barrio Pigalle. Y siempre la amistad, no en balde Solange le recuerda a Rolando Dupuy: "Siempre que hablabas de él te reías tanto".
Especie de "autocrítica" a través de un desdoblamiento que el lector entenderá en las páginas finales del libro ("conforme su ser florecía en el diálogo, le transmitía a él esa extraña sensación de que nada importaba realmente, puesto que todo alrededor de ellos había dejado de existir, y el pasado en igual medida que el futuro había sido puesto entre paréntesis"), La puerta del infierno es también un homenaje a la amistad, entendida como una montaña rusa de encuentros y desencuentros que se manifiestan en la conversación: "Pues hablar a toda costa, hablar de lo que fuera y hasta por los codos, ¿qué otro viaje podían emprender después de tanto tiempo sin verse?".
Además del diálogo, erudito pero burlón, Ricardo Cano Gaviria (Medellín, 1946) usa la analepsis una y otra vez para construir una novela en la que el humor y el erotismo generan un marco que permite a Ulises, Eneas, Dante, la lírica francesa de Baudelaire a Edith Piaf, Proust, Hemingway, Flaubert, Cohn-Bendit y Sartre, por supuesto, moverse de Medellín a Bogotá, de París a Madrid, en una fiesta del pensamiento y la palabra, para nada exenta de ironía. En muchos sentidos "Mesías de la desilusión", como lo cataloga Ugliano, cuando a Dupuy le recuerdan la idea de Heidegger de que la palabra es la casa del Ser, impulsa a Solange, su más reciente compañera sentimental, a admitir que la verdadera casa del Ser es la mierda. Tampoco es muy favorable su imagen de Colombia: "A Aquiles le quitaron la doncella que merecía por motivos de guerra; los colombianos actuamos como si alguien nos hubiera quitado no una doncella, si no la mujer, la amante y hasta la abuela".
Editada simultáneamente en España, México y Colombia, La puerta del infierno es también una curiosa metáfora entomológica que arranca en un texto de Gorki y se pasea con sus antenas y sus seis patas hasta el famosísimo barrio Pigalle. Y siempre la amistad, no en balde Solange le recuerda a Rolando Dupuy: "Siempre que hablabas de él te reías tanto".
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