sábado, 29 de enero de 2011
lunes, 24 de enero de 2011
UN PÁRRAFO
En la novela de aprendizaje del escritor griego Ángelos Terzakis (1907-1979), traducida por Francesc Passani para Rey Lear y publicada a finales de 2008, me inquieta este párrafo sobre una muchacha de diecisiete años:
"A Faní, que hasta entonces había dado la nota en el grupo con su charlatanería, de pronto la dominó una melancolía inexplicable. Se apartó un poco y se sentó en el parapeto roto del puente de piedra, permaneciendo callada. Con las enjutas pantorrillas cruzadas, la mandíbula apoyada en la palma de la mano y los ojos borrosos, se la veía muy fea. Parecía que la nariz se le torciera todavía más. Glaukos observó que, en esa chica, el aspecto alegre era como un vestido bien cosido: cuando lo llevas, te transformas, te acicalas. Podría ser, de hecho, que se mostrara así para causar ese efecto. Quien sabe cuantas sesiones de tortura delante del espejo habría necesitado para encontrarlo, sola, encerrada en alguna habitación, intentando corregir la injusticia que la Naturaleza le había proporcionado".
Es cruel Terzakis, y también es compasivo. Junto a sus compañeros de generación Karagatsis, Myrivilis y Venezis, publicó en 1958 La novela de los cuatro. Este tipo de experimentos de escritura colectiva siempre me ha parecido atractivo.
domingo, 16 de enero de 2011
LAS FRONTERAS
La grata sorpresa de que un crítico chileno se ocupe de dos de mis libros: Hotel en Shangri-Lá y Saide (http://elpost.cl/content/en-pantalla) me lleva a referirme a un tema que aflora en la nota: la imposibilidad de que los libros hispanoamericanos crucen nuestras fronteras sin que pasen por la caprichosísima aduana de las editoriales españolas. Es absurdo que esto ocurra doscientos años después de los procesos de independencia, sobre todo cuando hay editoriales, la colombiana Norma es un ejemplo, que tiene presencia en varios de nuestros países. Este condicionamiento del mercado hace que el canon de la literatura hispanoamericana, y el de cada una de nuestras repúblicas, sea determinado más en Madrid y Barcelona, que en Buenos Aires, Ciudad de México o Bogotá. Nuestras instituciones públicas, que apoyan con gran entusiasmo las programaciones de las multinacionales del libro, deberían pensar mejor las cosas para cumplir con sus deberes misionales y servir a nuestras culturas; no puede ser que las ventas y el gusto de ciertos lectores ibéricos sean los criterios más atendidos a la hora de participar en tales eventos.
martes, 28 de diciembre de 2010
VINDICACIÓN DE UNA OBRA BAJO SOSPECHA
Hace ya muchos años, cuando la calle 19 en Bogotá era el paraíso del libro usado, un amigo me obsequió un ejemplar ajado al que atribuían virtudes sin par una serie de intelectuales muy significativos: Pablo Neruda, Mario Vargas Llosa, Julio Ramón Ribeyro, Claude Fell, Gabriel García Márquez, entre otros. Asombraba tal unanimidad frente a la primera novela del desconocido Alfredo Bryce Echenique.
Así comenzó mi relación con este escritor peruano que, con el paso del tiempo, se convirtió en uno de los más importantes narradores hispanoamericanos de finales del siglo XX. El volumen Huerto cerrado (1968) había demostrado sus habilidades como cuentista, pero Un mundo para Julius (1970) lo consolidó como uno de los máximos representantes de un fenómeno literario conocido como el Postboom. Admirador de Don Quijote de la Mancha, Gargantúa y Pantagruel y Vida y opiniones del caballero Tristam Shandy, la digresión, las repeticiones, el juego, las citas de textos cultos y populares, generan para sus textos una estructura en la que el humor y el ritmo son ingredientes principales. Y el lenguaje oral: "Me ha obsesionado siempre la oralidad como una cosa absolutamente peruana –dijo en una conferencia–. Yo creo, sigo creyendo, que los peruanos son maravillosos narradores orales y que son seres que reemplazan la realidad, realmente la reemplazan, por una nueva realidad verbal que transcurre después de los hechos".
Para mi gusto, su tercera y cuarta novelas La vida exagerada de Martín Romaña (1981), las alegrías y desventuras de un peruano que viaja a París para convertirse en escritor, y su continuación, El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz (1985), conocidas como el díptico Cuaderno de navegación en un sillón Voltaire, constituyen su proyecto más logrado, y aunque desde hace algunos años el estigma del plagio pesa sobre Alfredo Bryce Echenique, creo que hay que celebrar la aparición, hace cuarenta años, del precoz y desamparado Julius, hijo de una de las familias más acaudaladas de Lima.
miércoles, 8 de diciembre de 2010
LA BELÉN DE NUESTRA DEVOCIÓN
Los momentos más felices de mi infancia están ligados a los cantos y rezos frente al pesebre, la anticipación de los regalos y las dudas inherentes a la conmemoración religiosa, que se agravaban por la dificultad de los textos que repetíamos cada noche, adulterados por los mayores según las conveniencias de la rima, y en los que la segunda persona del plural se acompañaba de palabras como prosternado y el sonrojante “putativo”. A esto se sumaban los múltiples nombres de Dios: además de los tres de la Santísima Trinidad estaban Adonai –con y sin tilde en la i– y el aún más misterioso Emmanuel.
Lo que no causaba confusión durante la novena era el fervor que devoraba buñuelos y natilla, postres y dulces de todos los orígenes, para rematar con las partes de un cerdo preparadas de las formas menos dietéticas posibles. Mientras los adultos ventilaban calidades culinarias bajo coloridos pasacalles plásticos, yo revisaba debajo de las camas y en cada rincón de los armarios, hasta dar con los regalos del niño Dios. La primera vez que no los encontré, mis padres los habían escondido en casa de los vecinos que tenían el pesebre más envidiado de la cuadra, dotado con tren, aeropuerto, pista de carros y otras posibilidades electromecánicas.
Hoy todavía recuerdo la mayor parte del texto de la novena pero no la rezo, y es la curiosidad la que me lleva a visitar los barrios que adornan sus calles como si en verdad esperaran a los reyes magos. En aquellos con mayor poder adquisitivo aparecen diversos tipos de faroles –la humilde vela dentro–, pinos, bastones y renos, papás Noel, palmeras luminosas y un largo etcétera Made in China, cuya incandescente atractivo congestiona las vías durante el tradicional alumbrado, sin fundir la nieve de icopor.
Si bien las campañas que el comercio inicia casi desde agosto, contradicen la disposición de los corazones con “humildad profunda y con total desprecio de todo lo terreno”, creo que por lo menos en la región cafetera la natilla y el buñuelo, no sé si la fe, siguen reinando durante la temporada navideña, sobre todo entre aquellos que permanecen en el hogar, lejos de los centros vacacionales.
Lo cierto es que después de que a los cielos los rompen la ilusión y el estruendo de los fuegos artificiales, me gusta mirar un pueblo lejano en las montañas e imaginarlo la Belén de nuestra devoción, la presente y la perdida.
Lo que no causaba confusión durante la novena era el fervor que devoraba buñuelos y natilla, postres y dulces de todos los orígenes, para rematar con las partes de un cerdo preparadas de las formas menos dietéticas posibles. Mientras los adultos ventilaban calidades culinarias bajo coloridos pasacalles plásticos, yo revisaba debajo de las camas y en cada rincón de los armarios, hasta dar con los regalos del niño Dios. La primera vez que no los encontré, mis padres los habían escondido en casa de los vecinos que tenían el pesebre más envidiado de la cuadra, dotado con tren, aeropuerto, pista de carros y otras posibilidades electromecánicas.
Hoy todavía recuerdo la mayor parte del texto de la novena pero no la rezo, y es la curiosidad la que me lleva a visitar los barrios que adornan sus calles como si en verdad esperaran a los reyes magos. En aquellos con mayor poder adquisitivo aparecen diversos tipos de faroles –la humilde vela dentro–, pinos, bastones y renos, papás Noel, palmeras luminosas y un largo etcétera Made in China, cuya incandescente atractivo congestiona las vías durante el tradicional alumbrado, sin fundir la nieve de icopor.
Si bien las campañas que el comercio inicia casi desde agosto, contradicen la disposición de los corazones con “humildad profunda y con total desprecio de todo lo terreno”, creo que por lo menos en la región cafetera la natilla y el buñuelo, no sé si la fe, siguen reinando durante la temporada navideña, sobre todo entre aquellos que permanecen en el hogar, lejos de los centros vacacionales.
Lo cierto es que después de que a los cielos los rompen la ilusión y el estruendo de los fuegos artificiales, me gusta mirar un pueblo lejano en las montañas e imaginarlo la Belén de nuestra devoción, la presente y la perdida.
miércoles, 24 de noviembre de 2010
LABBÉ Y FALCO
En la lista de los 22 mejores narradores hispanoamericanos menores de 35 años (http://www.elboomeran.com/nuevo-contenido/209/los-22-mejores-narradores-jovenes-en-espanol-en-granta/), los hay muy conocidos y otros no tanto. Entre los últimos están Carlos Labbé (Santiago de Chile, 1977), cuyas novelas recientes, Navidad y Matanzas (2007) y Locuela (2009), fueron publicadas por Editorial Periferica. Los invito a seguir su hipernovela Pentagonal: http://www.ucm.es/info/especulo/hipertul/pentagonal/
y Federico Falco (General Cabrera, Córdoba, Argentina, 1977) ha publicado narrativa y poesia bajo títulos tan originales como 222 patitos (2004), 00 (2004), Aeropuertos, Aviones (2006), La hora de los monos (2010). Los textos breves siguientes forman parte de Made in China (2008)
El edredón de plumas
Con la sangre anulada de millones de canutos, de folículos, mi edredón de plumas es una ofrenda al sueño.
Cuatrocientos mil gansos chinos ordenó el emperador pasar a degűello para satisfacerme. Lavanderas y maestrillas de poca monta eligieron el plumón más suave, debajo del buche, al tanteo y me arrullan.
Una a una, cada noche, de la tela hurgo y hago surgir una pluma, atrayéndola por el pecíolo con tretas viejas.
Cada pluma trae una historia yo la escucho y duermo y en el sueño la olvido.
Judíos en la China
Mao mandó traer a la China judíos de ojos verdes capaces de zurcir los más finos kimonos de luto con largos cabellos negros que arrancan de sus propias nucas.
Ciudades enteras importa guetos completos y son los folículos los que en lugar del nudo se encastran en el ojo de la aguja abastecida, metálica, de buena calidad made in China.
Como los griegos, los judios traen consigo el lugar en Grecia donde mora Dios, custodiado por las farmacopeas. Son puntadas apenas.
y Federico Falco (General Cabrera, Córdoba, Argentina, 1977) ha publicado narrativa y poesia bajo títulos tan originales como 222 patitos (2004), 00 (2004), Aeropuertos, Aviones (2006), La hora de los monos (2010). Los textos breves siguientes forman parte de Made in China (2008)
El edredón de plumas
Con la sangre anulada de millones de canutos, de folículos, mi edredón de plumas es una ofrenda al sueño.
Cuatrocientos mil gansos chinos ordenó el emperador pasar a degűello para satisfacerme. Lavanderas y maestrillas de poca monta eligieron el plumón más suave, debajo del buche, al tanteo y me arrullan.
Una a una, cada noche, de la tela hurgo y hago surgir una pluma, atrayéndola por el pecíolo con tretas viejas.
Cada pluma trae una historia yo la escucho y duermo y en el sueño la olvido.
Judíos en la China
Mao mandó traer a la China judíos de ojos verdes capaces de zurcir los más finos kimonos de luto con largos cabellos negros que arrancan de sus propias nucas.
Ciudades enteras importa guetos completos y son los folículos los que en lugar del nudo se encastran en el ojo de la aguja abastecida, metálica, de buena calidad made in China.
Como los griegos, los judios traen consigo el lugar en Grecia donde mora Dios, custodiado por las farmacopeas. Son puntadas apenas.
domingo, 21 de noviembre de 2010
UNO DE MIS POEMAS PREFERIDOS
Blanco
El blanco lo aprendí
de las enaguas.
Gustavo Adolfo Garcés, poeta colombiano.
El blanco lo aprendí
de las enaguas.
Gustavo Adolfo Garcés, poeta colombiano.
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