miércoles, 7 de agosto de 2013
ESTUDIO DE LOS SERES Y LAS COSAS
Manuel Iván Urbina Santafé (Pamplona, 1967) ha forjado una carrera literaria desde la frontera, que incluye los premios nacionales de poesía "Cote Lamus" y "José Eusebio Caro", y la publicación de libros para niños y jóvenes como Una isla llamada luna y Don Quijote leído por Alonso El Bueno. Director del taller RELATA de la ciudad de Cúcuta, su biografía Sören Kierkegaard: la conciencia de un desesperado, está íntimamente relacionada con El dios de Johannes de Silentio, la antología poética personal de la que proceden los siguientes textos, seleccionados por el autor de Estudio de los seres y las cosas, su libro de 2005.
1 DE FLORES
Tiene una flor en el vientre.
Con su perfume
planea apalabrar
una abeja.
1 DE ÁRBOLES
imitación de Moritake
Rama invisible
hasta que una flor
levanta el vuelo.
2 DE ÁRBOLES
Nunca vendrían las lluvias
si el guayacán añoso
dejara de implorar
con sus ramas muertas.
3 DE ÁRBOLES
El almendrón, llegado de la infancia
El tapiz blanco
que el almendrón extiende a sus pies
va enlodándose
conforme transcurre el día.
Y las diminutas flores
con apariencia de estrella
son sepultadas por la desmesura
multicolor de las hojas:
naranja, amarillo, rojo intenso, marrón;
incluso tonos de verde que no debieron caer.
Un contraste tumultuoso es
el camuflaje de la vida y la muerte:
"Recuerda esto, hermano, y alégrate".
3 DE FLORES
¿Por qué se apretujan
las florecillas rojas
en la fiesta de la ecsora?
Tomadas de la mano, rientes,
se encienden y se apagan
como una sola flor.
1 DE PÁJAROS
Y el dolor
pretende ser necesario
como es para el ave en vuelo
la señal de que atardece.
3 DE MARIPOSAS
Presiento la inmensidad
del universo que sueñas
crísálida desnuda y vulnerable
bajo esas alas
de arcoíris
que te has puesto.
1 DE GOTAS
Sobre la simulación del durazno
los dedos siguen el rastro
de una gota
que nada será
cuando se detenga.
3 DE GOTAS
El tiempo llega
en que los cuerpos
de la lluvia
no pueden esperar.
8 DE GOTAS
No pierde su alma
una gota que cae.
Sucede que sus alas
se niegan a abandonar la fruta.
miércoles, 24 de julio de 2013
lunes, 8 de julio de 2013
INFESTACIÓN
–Este cuento tiene piojos –dije a mi mujer.
–No te creo.
Vio las liendres.
–Hay que motilarlo.
–Tiene palabras que me gustan mucho.
–Tú y tus palabras –suspiró–. Úntale petróleo.
–¿Petróleo?
–Eso hice con los niños.
–¿Y si se intoxica?
–Los niños no se intoxicaron.
–Son fisiologías distintas.
–Cuidas demasiado tus cuentos. Relájate.
Bajé la cabeza.
–Cepíllalo y lávalo. Cepíllalo y lávalo hasta que le salga toda esa inmundicia –gritó rumbo a la cocina.
Lo hice, juro que lo hice.
lunes, 10 de junio de 2013
viernes, 24 de mayo de 2013
GATSBY
El Gatsby de Bazz Luhrmann es exactamente eso: una versión amanerada, caprichosa, visual y auditivamente excesiva de El gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald. No tiene mucho sentido hablar de la actuación de Leonardo DiCaprio -cuyo rostro comienza a parecerse al de Orson Welles en las fases adultas del Ciudadano Kane-, ni de la de Carey Mulligan -sin el brillo que se espera en Daisy, pero mucho menos caricaturesca-, y por supuesto no hay razón para gastar palabras en lo que hace Tobey Maguire, ni en el truco barato e innecesario de convertir su relato en un monólogo para el psiquiatra.
En apariencia menos popular que sus contemporáneos, sin la influencia que, por ejemplo, tuvo William Faulkner en la literatura hispanoamericana, pocos han sido tan lúcidos respecto a él como el poeta colombiano Darío Jaramillo Agudelo: "Mucho tiempo después,/ cuando el cáncer de la desesperación,/ cuando la gradual trama de la destrucción nos fue marcando,/ nos echábamos la mentira de la música:/ yo ya no tenía ningún lenguaje común con ninguno de ellos,/ éramos islas flotantes separadas por un agrio perfume/ que nos dañaba a cada uno en distinta forma;/ habíamos crecido juntos imaginando un futuro/ que cada día fuimos aplazando más y más/ hasta relegarlo a un olvido amargo que nos confirió cierta rabia con la vida... " comienza su poema Donde Scott Fitzgerald habla de la importancia de la música, la más entrañable de las biografías imaginarias que componen su Colección de máscaras. De otra parte Barbara Probst Solomon afirmó en su artículo Scott Fitzgerald: el Centenario de un Adivino (Babelia 256, El País, Madrid, septiembre 21 de 1996): "De toda la «generación perdida» -expresión que acuñó Gertrude Stein- sólo sus novelas y las de Ernest Hemigway han conservado su lustre; la mayoría de sus contemporáneos literarios son ahora polvorientas notas a pie de página en la historia cultural".
La parafernalia formal que resultaba pertinente para un musical sobre el famoso Moulin Rouge, un cabaret caracterizado por sus exuberancias, tiene poco que ver con la obra de un escritor que transcribió en su cuaderno de notas, este proverbio egipcio:
Las peores
cosas:
Estar en la cama y no dormir,
Querer la presencia de alguien
que no viene,
Tratar de complacer y no
lograrlo.
Cuando la crítica de habla
inglesa escogió las cien novelas más importantes del siglo XX en su idioma, el
segundo lugar lo ocupo, para sorpresa de muchos, El gran Gatsby. Casi simultáneamente, la celebración del centenario de
nacimiento de Scott Fitzgerald en Saint Paul, Minessota, el 24 de septiembre de
1896, ofreció a los lectores una selección de sus cuentos realizada por Matthew
J. Bruccoli, la parte menos comprendida de su obra porque desde el principio,
como lo cuenta Scott Donaldson en Ansia
de amor (Montesinos, 1987), los relatos publicados en The Saturday Evening Post durante 1919 y 1920 -de los que se
incluyen cuatro en tal selección-, antes del éxito inesperado de A este lado del paraíso, fueron
invariablemente ilustrados con vaporosas figuras femeninas de inquietante
belleza y hombres vestidos con smoking,
aunque muchos de los textos no aludían a tal categoría de personajes.
Pese a
los esfuerzos de sus biógrafos y exégetas -Mizener, Turnbull, Milford, Lehan,
Meyers-, por conseguir una semblanza genuina, la mayoría sigue considerando a
Scott Fitzgerald el representante de los locos años veinte estadounidenses o
recuerdan la imagen que plasmara Ernest Hemingway en la versión original de una
de sus narraciones más conocidas, Las
nieves del Kilimanjaro, en la que el protagonista "Recordaba al pobre
Scott Fitzgerald, y el respeto romántico que éste sentía por ellos (los ricos)
y cómo una vez había comenzado un relato diciendo: ‘Los muy ricos son
diferentes a usted y a mí.’ y alguien le había replicado: ‘En efecto, tienen
más dinero’, lo que no había hecho a Scott ninguna gracia". Testimonio
apócrifo que usa una frase de uno de sus mejores cuentos -Rich Boy (1926)-, para Lionel Trilling "por esa sola
observación que en un sentido condensa toda su obra, Scott Fitzgerald debe
haber sido recibido por Balzac en el paraíso de los grandes novelistas",
caracterizados por su exquisita percepción de las diferencias sociales.
En apariencia menos popular que sus contemporáneos, sin la influencia que, por ejemplo, tuvo William Faulkner en la literatura hispanoamericana, pocos han sido tan lúcidos respecto a él como el poeta colombiano Darío Jaramillo Agudelo: "Mucho tiempo después,/ cuando el cáncer de la desesperación,/ cuando la gradual trama de la destrucción nos fue marcando,/ nos echábamos la mentira de la música:/ yo ya no tenía ningún lenguaje común con ninguno de ellos,/ éramos islas flotantes separadas por un agrio perfume/ que nos dañaba a cada uno en distinta forma;/ habíamos crecido juntos imaginando un futuro/ que cada día fuimos aplazando más y más/ hasta relegarlo a un olvido amargo que nos confirió cierta rabia con la vida... " comienza su poema Donde Scott Fitzgerald habla de la importancia de la música, la más entrañable de las biografías imaginarias que componen su Colección de máscaras. De otra parte Barbara Probst Solomon afirmó en su artículo Scott Fitzgerald: el Centenario de un Adivino (Babelia 256, El País, Madrid, septiembre 21 de 1996): "De toda la «generación perdida» -expresión que acuñó Gertrude Stein- sólo sus novelas y las de Ernest Hemigway han conservado su lustre; la mayoría de sus contemporáneos literarios son ahora polvorientas notas a pie de página en la historia cultural".
Admirador de su padre,
aristocrático y fracasado, ambivalente con respecto a su madre, católica y heredera
de una fortuna de origen comercial, sus años mozos fueron marcados por el
contacto con algunas de las hijas de los magnates financieros de la costa Este,
que reforzó su inseguridad social, manifiesta en la descripción del hogar de
infancia: "599 Summit ave: una casa de término medio en una calle por
encima del promedio". Su paso por la Universidad de
Princeton, frustrante en muchos sentidos aunque siempre se sintió ligado a
ella; lo convirtió en "el estudiante perpetuo: un tipo encantador, dotado
de talento y bastante irresponsable", admitía después. El servicio militar
le permitió conocer a la chica más alocada de Montgomery (Alabama), Zelda Sayre,
quien aceptó su propuesta matrimonial después que A este lado del paraíso
(1921), espejo de la generación de postguerra rechazado por las autoridades de
Princeton, cuya vida recreaba, se convirtió en un enorme suceso editorial.
Lector de Byron, Shelley y otros poetas románticos, esta primera novela -apreciada por unos,
pieza arqueológica para otros, cuyo título procede de un verso de Rupert
Brooke-, describe a los jóvenes de la
era del jazz -Tales of the Jazz Age (1922) tituló una de sus colecciones de
cuentos- enfrascados en una fiesta tan grande que sólo puede culminar con una
gran resaca. "Cuando se acabe tu juventud, con ella desaparecerá la
belleza, y entonces repentinamente descubrirás que ya no te quedan triunfos por
conquistar, o que tendrás que contentarte con aquellos triunfos de tu pasado
que el recuerdo hará más amargos que las derrotas", dice Lord Henry a
Dorian Gray en la novela de Oscar Wilde, y Fitzgerald suscribiría estas
palabras con tanta facilidad como las de Wordsworth: "Una bendición fue
estar aquel amanecer vivo, pero ser joven era el mismo cielo”. Las ideas
románticas permean su obra y se hacen patentes en los cuentos reunidos en
Flappers and Philosophers (1921), llenos de jóvenes despreocupados, libres de
convencionalismos, y en el título de su segunda novela, Hermosos y malditos
(1922), itinerario hacia la perdición de una pareja en algunos aspectos similar
a Scott y Zelda: Anthony Patch, un herededo sin verdadero oficio pero con vagas
aspiraciones literarias y su esposa Gloria Sullivan, quien "no albergaba
dudas de que todo lo que salía de sus labios era siempre bien recibido".
Las grandes sumas de dinero que
hicieron de Fitzgerald uno de los escritores mejor pagados del mundo fueron
dilapidadas a través de la década a un ritmo que lo convertía en una rico-pobre
que debía más de lo que ganaba. Cargando en sus bolsillos rollos de dólares
para dejar como propina por cuentas irrisorias, símbolo junto a Zelda de una
generación desenfrenada, aún a costa de sí mismos, arrancó a la juerga el
tiempo y la concentración suficientes para escribir la que algunos consideran
la mejor novela corta de la literatura estadounidense, El gran Gatsby
(1925), en la que utiliza un personaje narrador, Nick Carraway, amigo del
protagonista y primo del objeto de su idealización romántica, Daisy Buchanan,
en cuya voz siempre latía "una promesa de que sólo hacia un rato que había
hecho excitantes y divertidas cosas, y de que se anunciaban excitantes y
divertidas cosas para la próxima hora". Esta estrategia narrativa,
aprendida en Joseph Conrad, le permite contrastar la exaltación amorosa un
tanto ridícula de Gatsby, su ostentación de nuevo rico, con la vacuidad de los
siempre poderosos, representados por Tom Buchanan y la propia Daisy, y la gris
existencia de los pobres: "Lo que pesa en esta novela es la pérdida de
esas ilusiones que dan al mundo un color tal que, en tanto que las cosas
participen de su mágica gloria, nada nos importa si son verdaderas o
falsas", escribió en una carta. Incomprendida por los lectores a pesar de
los favores de la crítica, el equilibrio que logró enfrentado al reto de
expresar el alma estadounidense es buen índice de que su opinión con respecto a
los muy ricos era menos inocente de lo que parece indicar la falsa anécdota
narrada por Hemingway en París era una fiesta, la obra mitad ficción, mitad
memorias en la que muestra su antipatía hacia Zelda y cuanto admiraba El gran
Gatsby, novela con la que "la literatura norteamericana estaba dando su
primer paso hacia adelante desde Henry James", afirmó T.S. Eliot.
Viajes, dinero y deudas, fiestas
y clínicas, la vida de Fitzgerald se convierte a finales de la década de los
veinte en algo parecido al purgatorio. Zelda va a tientas entre el ballet, la
literatura y la pintura, buscando expresarse en forma artística sin conseguirlo
y a principios de los treinta comienza su periplo de una institución
psiquiátrica a otra, con un costo emocional y monetario cada vez mayor. La
adicción al alcohol lo distancia de gran parte de sus amigos, acostumbrados al
hombre cortés, encantador, que se preocupa por complacer a todos cuando está
sobrio. La situación es tan grave que con cierto cinismo se presenta como
"F. Scott Fitzgerald: el conocidísimo alcohólico", y hasta las
mujeres, siempre seducidas por sus modales y sus cálidos ojos azules, prefieren
evitarlo. Incapaz de dar fin a la novela que prepara desde hace años, continua
escribiendo cuentos, la mayoría mediocres, algunos dignos de su talento y
merecedores de aparecer en cualquier antología: May Day (1920), The Diamond as
Big as the Ritz (1921), Babylon Revisited (1930) e incluso Absolution (1924),
en un principio vinculado a El gran Gatsby. Los cheques de las revistas, cada
vez menos inflados, solventaron los gastos familiares y las miles de botellas
de cerveza y ginebra que consumió.
En 1934 publica Suave es la
noche, la más larga de sus novelas, cuyo título procede de Oda a un ruiseñor de
John Keats. La historia de Dick Diver, un exitoso psiquiatra que gasta su vida
al cuidado de una de sus clientas, Nicole, con la que se casa, tiene evidente
relación con su propio vida, pero más allá es una obra literaria muy apreciable,
que no fue bien recibida ni por el público ni por la crítica. Como Diver, que
después de años de matrimonio se ve solo y envejecido, Fitzgerald, tras ser
ídolo para toda una generación, una leyenda antes de los veinticinco años, se
había convertido en un hecho del pasado.
A principios de 1936 publica en ediciones sucesivas de Esquire los artículos que se conocen como El Crack-Up, mezcla de confesión y lamento que conmovió a los lectores aunque muchos de sus amigos los consideraron demasiado autocompasivos y, en buena medida, falsos. En ellos expresaba el propósito de salir de la crisis y la industria cinematográfica le dio la oportunidad, pagándole un salario que le permitía vivir bien y cumplir con sus compromisos. También conoce a Sheilah Graham, una de las chismosas radiales de Hollywood, capaz de hacer o destruir una carrera en los micrófonos. Fue la única mujer de origen humilde con la que Fitzgerald sostuvo una relación y la mayor alegría de sus últimos años, aunque nunca se divorció de Zelda, quien le sobrevivió. Meses antes de que una segunda crisis cardíaca lo matara el 21 de diciembre de 1940, abandonó el alcohol en forma definitiva reemplazándolo conla
Coca-Cola y pagó todas las deudas pese a que la Metro-Goldwin -Mayer
no renovó su contrato después de 1938.
A principios de 1936 publica en ediciones sucesivas de Esquire los artículos que se conocen como El Crack-Up, mezcla de confesión y lamento que conmovió a los lectores aunque muchos de sus amigos los consideraron demasiado autocompasivos y, en buena medida, falsos. En ellos expresaba el propósito de salir de la crisis y la industria cinematográfica le dio la oportunidad, pagándole un salario que le permitía vivir bien y cumplir con sus compromisos. También conoce a Sheilah Graham, una de las chismosas radiales de Hollywood, capaz de hacer o destruir una carrera en los micrófonos. Fue la única mujer de origen humilde con la que Fitzgerald sostuvo una relación y la mayor alegría de sus últimos años, aunque nunca se divorció de Zelda, quien le sobrevivió. Meses antes de que una segunda crisis cardíaca lo matara el 21 de diciembre de 1940, abandonó el alcohol en forma definitiva reemplazándolo con
Si la contribución de Fitzgerald como guionista es
moderada -coescribió Three Comrades (Frank Borzage, 1938) y poco más que
llegara a la pantalla-, la forma en que plasmó al Hollywood de los años treinta
es su verdadero aporte a la industria que lo acogió en momentos difíciles. Por
sobre las Historias de Pat Hobby, entretenidas aventuras de un guionista venido
a menos recopiladas en 1962, la inconclusa El último magnate, editada en 1941
por su amigo y crítico Edmund Wilson y centrada en la vida de Monroe Stahr, un
poderoso directivo de los estudios cinematográficos inspirado en Irving G.
Thalberg, es el testimonio más interesante. Al fragmento disponible, de por sí
valioso, lo acompaña el plan general de la novela, algunas variaciones a los
capítulos, consejos literarios -"Personaje es acción" sentencia hacia
el final-, y notas para las correcciones que indican que había llegado a la
madurez, superando muchas ideas y limitaciones de juventud. Su publicación -y
las versiones fílmicas de sus cuentos y novelas- permitió a los lectores
recuperar a uno de los escritores fundamentales del siglo XX -pese a que el
editor debía corregir sus errores de ortografía-, aquel que bautizó una Era y
despidió al más célebre de sus personajes con las siguientes palabras: "Y
así vamos adelante, botes que reman contra la corriente, incesantemente
arrastrados hacia el pasado".
domingo, 19 de mayo de 2013
CIELO PARCIALMENTE NUBLADO
De nuevo en manos de los lectores. Tras años de pausa, Intermedio Editores ha decidido reiniciar la publicación de libros de ficción con mi más reciente novela, Cielo parcialmente nublado, cuyo título me regaló Jaime Echeverri, tan buen amigo como narrador, y además uno de los primeros comentaristas del libro http://www.eltiempo.com/entretenimiento/libros/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-12853749.html
Dos escritores jóvenes, Juan Carlos Acevedo y Ángel Castaño, han publicado sendas entrevistas en La Patria y El Diario del Otún, que quiero compartir:
http://www.lapatria.com/en-domingo/una-novela-sobre-el-pais-de-la-silla-vacia-33939
http://www.eldiario.com.co/seccion/CULTURA/miro-con-reservas-el-pasado-intelectual-de-manizales-octavio-escobar1305.html
Así mismo, uno de nuestros grandes escritores, Darío Jaramillo Agudelo, se animó a la reseña:
La primera impostergable virtud de Cielo parcialmente nublado es su calidad literaria. Es muy impresionante la capacidad de Octavio Escobar para desarrollar una historia en una novela valiéndose casi exclusivamente de los diálogos, unos diálogos que fluyen porque el autor tiene el oído para construirlos, asunto que no se refiere solamente a la redacción de un libreto, sino que tiene raíces más profundas y más sutiles: es que los personajes también surgen, se vuelven tangibles para el lector a través de las conversaciones que se suceden deleitosamente para quien lee la novela.
Son muchas más virtudes pero creo que tengo espacio para otra: es un lugar común repetir la idea de que solamente lo tercamente local tiene dimensiones universales. Aquí la localidad es Manizales, que se convierte en algo más que un escenario a través del comportamiento de los personajes, de su visión sobre la ciudad, muy principalmente la visión del personaje central, que trasmite un antes y un después de Manizales con un intervalo entre uno y otro. Ese carácter de lo local sin ñoñerías lo pueden percibir con más facilidad los nativos de Manizales que alguien ajeno a esa ciudad como yo, porque yo tengo la posibilidad de afirmar su sabio y descarnado universalismo.
lunes, 1 de abril de 2013
CAOS EN LUVINA
La revista Luvina, editada por la Universidad de Guadalajara y dirigida por Silvia Eugenia Castillero, se está convirtiendo, aparición tras aparición, en una tribuna privilegiada de la cultura mundial, con énfasis continental. Su más reciente número, el 70, está dedicado al CAOS, y otros dos escritores colombianos participan de sus páginas: Juan Manuel Roca y Jaime Echeverri. Si quieren disfrutarlo, o acercarse a las ediciones anteriores, visiten http://www.luvina.com.mx/luvina.html
También les propongo leer mi contribución al desorden y comentarla: http://luvina.com.mx/foros/index.php?option=com_content&task=view&id=1561&Itemid=60
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